Aparte de desarrollar emociones positivas, genera en los niños la seguridad de compartir y aceptar las emociones que puedan experimentar, recordemos que no existen emociones correctas o incorrectas por lo tanto siempre es un buen momento para abrazar. Los abrazos mejoran la comunicación con los niños, mejoran y fortalecen su sistema inmunológico, reducen el estrés, la angustia, el miedo y la ansiedad; aumentan y refuerzan la autoestima, mantienen sentimientos de bienestar y felicidad.